Trabajos de nuestros cursantes

Los Pondos de Barro, tradición en la Ronda

Por: Andrés Maldonado*

Uno de los lugares más tradicionales de la calle La Ronda es “Los Pondos de Barro”, un restaurante que se caracteriza por vender los canelazos, que son el jugo de tres clases de naranjillas mezclados con canela, azúcar y caña candela, que es un licor extraído del jugo de caña. Para preparar esta bebida, se hierve desde las 8:00 hasta aproximadamente las 14:00.

La Ronda es uno de los barrios más tradicionales y antiguos de Quito. Se ubica en el Centro Histórico, entre las calles Morales, Venezuela, Guayaquil y Maldonado. Está entre el Puente de la Paz y el puente nuevo en la calle Juan de Dios Morales.

En el sector han nacido pintores, escritores y poetas en los años 30, entre los más conocidos el compositor Carlos Herrera, creador del pasillo Llora Guitarra.

Su calle principal, Juan de Dios Morales, se encuentra rodeada por centros culturales, bares, restaurantes, locales de artesanías y cientos de personas que circulan a diario.

En Los Pondos de Barro ofrecen una “empanada de viento gigante” de aproximadamente 30×40 cm y es hecha con harina, huevos, manteca y queso.

Wilfrido Ibujes, propietario del local, explica el porqué del nombre: “Antes de que llegáramos a La Ronda estábamos en otro lugar, más arriba, y era muy pequeñito. se llamaba El Chiringuito, una palabra indígena que significa chiquito. Llegamos con solo dos pondos de barro, que son vasijas donde se preparaba el canelazo. Fue pasando el tiempo, los dueños de esta casa fallecieron y cuando los hijos nos arrendaron toda la casa la llamamos el Pondo de Barro”.

Wlfrido cuenta que trabaja en el sector desde hace 8 años, cuando empezó la reconstrucción de la Ronda, y explica que quiso hacer un lugar para las familias y para los amigos, donde se pueda conversar principalmente de la historia del pasillo ecuatoriano.

En la entrada del lugar se puede divisar una puerta de madera de color café, una de las empanadas gigantes, dos banner de unos 80 x 60 cm con fotografías de la comida y bebida (canelazos, chocolates, secos de chivo, entre otros) y, por supuesto, los pondos de barro.

El local cuenca con diez mesas de madera verde, con patas de metal color negro. Las sillas son metálicas, de color negro, con el asiento también verde.

La pared que está frente a la puerta de entrada es de color amarillo. Sobre ella están un televisor de 27 pulgadas, un letrero de no fumar, un cuadro de Cerveza Club y ocho fotografías del Quito antiguo, una imagen de los tres chiflados y otra de don Evaristo, recordado actor quiteño.

El horario de atención de Los Pondos de Barro es de lunes a jueves, entre las tres de la tarde hasta la medianoche. Los sábados se cierra a las dos de la mañana.

Wilfrido dice que los turistas lo visitan en la mañana hasta el mediodía y que los sábados lo hacen todo el día. Lo más solicitado por la clientela son el canelazo, las empanadas, el mote con chicharrón, el cuy con papas, los secos de chivo y de pollo.

Wilfrido se levanta de la mesa y toma una guitarra. Es la hora de la música –dice-. Con Segundo, su amigo desde hace 25 años y conocido como “el duro del requinto”, entona melodías como Ángel de Luz, tradicional pasillo ecuatoriano.

Luego canta Llora Guitarra mientras indica que Carlos Herrera, compositor de esta canción, vivió en la casa.

Para el “Gran Wilson”, como lo conocen artísticamente, en cinco años la Ronda dejará de ser un barrio bohemio y será un lugar netamente turístico.

* Tallerista, en el curso de redacción de Signis Ecuador

 

Los gringos se toman fotos con cuyes en la Leña Quiteña

Francisco Enríquez*

El café restaurante Leña Quiteña funciona en una casa de tres pisos. La fachada tiene anchas paredes de adobe. El rótulo está hecho de hierro forjado.

Funciona en las calles Guayaquil y Morales, en el sector La Ronda, uno de los lugares más visitados del Centro Histórico de Quito, donde las calles son de piedra y los balcones están adornados con geranios rojos.

Patricia Rodríguez es delgada, tiene 27 años y el cabello negro hasta la cintura. Es la dueña del local inaugurado en 2006.

“A mi padre siempre le atrajo la idea de tener un local donde se vendiera la comida tradicional, lo nuestro. Así nace Leña Quiteña. Le pusimos ese nombre porque la mayoría de los alimentos que nosotros preparamos son cocinados en horno de leña”.

El horno es de ladrillo. Está cerca de la cocina y del lugar donde Patricia cobra a los clientes. “En los días buenos recibo hasta 50 comensales y en los malos, 10”. El segundo jueves de julio, Patricia tuvo una mala jornada. Hubo poca gente.

En el horno se asa el cuy, sazonado con ajo, sal y otros condimentos.

En Leña Quiteña lo sirven con papas cocinadas, salsa de maní y lechuga. Los fines de semana, los turistas que vienen de Estados Unidos, Canadá, España, etc., se toman fotos. “Ellos dicen que el cuy es un animal extraño”, comenta Patricia. La presentación del grupo de música folclórica Yarumas es otra atracción.

El menú también ofrece mote sucio (plato cuencano de maíz cocinado, mezclado con la grasa del chancho), yahuarlocro (caldo con sangre animal que se sirve con aguacate), caldo de patas, locro de cuero y pollo al horno. Los precios varían entre cinco y 14 dólares.

Patricia es la jefa de ocho personas. El chef y su asistente preparan los platos desde las 10:00 hasta la 01:00. En la noche, la gente pide comida y canelazo, una bebida hecha con jugo de naranjilla, aderezada con canela y mezclado con “puntas” (aguardiente).

Patricia dice que la venta de licor es restringida. “Solo se sirven los canelazos a quienes piden más platos del menú”, dice esta madre de un niño de dos años, quien termina la jornada a la 01:30. A esa hora, cierra con gruesos candados las puertas de madera de pino. Es la señal de que el jolgorio terminó.

* Tallerista del curso de redacción en Signis Ecuador

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Comentarios del tallerista
¿Qué me pareció el taller?
Un taller muy bueno, donde aprendí algunas técnicas para poder redactar una nota informativa, hacer crónicas que llamen el interés del lector. Fueron clases en las que las experiencias personales y el dinamismo pusieron el punto especial al curso.
¿Qué aprendí?
Detallar información.
Información de contexto.
Ser objetivos.
Escribir frases cortas, precisas y concisas.
Respetar los parámetros de sujeto –verbo-predicado.
 

 Laura Marina Romo prepara las mejores empanadas de La Ronda

Julio César Reyes Córdoba*

La Calle La Ronda es una de las calles más antiguas de Quito, Ecuador. La visitan diariamente cientos de visitantes que se impresionan con las misteriosas historias del lugar. Los vecinos comentan que los fantasmas aparecen por la noche.

Laura Marina Romo de García ha vivido por más de 40 años en este sector de calles empedradas.

Junto a su familia ha sido testigo del paso de los años y de miles de personajes y turistas de todo el mundo, que ven en ese sendero la magia de su historia, una historia que Doña Laura Marina conoce y cuenta mientras brinda una deliciosa empanada de harina, arroz y pollo.

El complemento para degustar este platillo es un vaso de morocho, una bebida de maíz y leche.

La casa con un rótulo en el cual se lee 755, es el único aviso o referente para localizar su negocio donde hay dos mesas para sus comensales.

Tiene 80 años. Nació en 1935 en Imbabura y pertenece a una familia de ocho hermanos. Mide 1, 40 metros de estatura.Su cabellera es blanca. Es tierna y servicial con las decenas de clientes que degustan sus recetas. “Llegué a Quito siendo señorita”, dice.

Su primer trabajo fue como administradora del hotel Imperial. Luego la contrataron para que trabajara en el hotel Nueva Esperanza de La Ronda.

Cuenta que se enamoró y se casó con el sobrino del dueño, Salomón Moreno.

La familia García está comprometida con la preservación de la historia de uno de los patrimonios más antiguos de Quito. Comparten la tradición de estas calles con los turistas que los visitan. “Somos famosos por elaborar las mejores empanadas de harina”, asegura su sobrino Diego Rosales, residente y presidente del Comité Promejoras de La Ronda.

A pesar de que su negocio no tiene ningún aviso, pero que la misma historia se encargó de darle, Laura Marina está orgullosa de su microempresa, la cual le brinda independencia económica y la hace sentir fuerte y útil. Dice: “Soy una señora que hace de todo. Empanadas, buñuelos… Hago todo lo que puedo hacer, a pesar de que tengo ochenta años”.

*Tallerista del curso de redacción en Signis Ecuador

audiojc111@yaho.es – Celular Colombia: 312 4813373

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Comentario del tallerista:
Licenciada Gabriela Muñoz: Muchas gracias por compartir partes de su conocimiento. A pesar de mi poca destreza para la redacción, me ha brindado muchas técnicas y tips, que me dan más seguridad y me incentivan a seguir escribiendo. 

Entre artesanías y colores se vive mejor

Mayra Velasco*

A ocho pasos del arco donde empieza la calle La Ronda, que en el siglo XVIII y XIX se llamaba El Chaquiñán, se encuentra el local Etnias Artesanías.

En estantes y baúles de madera se exhiben collares, aretes, pulseras, llaveros y anillos hechos en semillas, tagua, coco y la concha espondylus.

Son de colores turquesa, fucsia, amarillo, verde, café, azul y rojo. Contrastan con las paredes de color ladrillo. Los precios varían de uno hasta 80 dólares.

El dueño se llama Wilson Rueda.

En su adolescencia aprendió el oficio de panadero y pastelero.

Es alto, tiene el cabello largo y canoso, recogido en un moño. Usa camisa y pantalón de color café. Desde hace 17 años diseña joyas.

A mediados del 2011 instaló su local de ocho metros de largo por tres de ancho. Allí recibe a turistas nacionales y extranjeros. “Los que más compran vienen de otros países. Mis productos van a Escocia, Rusia, Estados Unidos, Corea y Europa”.

Arrendó el local en la casa conocida como Zaguán de María y José. La vivienda es de dos pisos, de fachada blanca y puertas de madera.

Junto a Etnias Artesanías está el local Taita Pendejadas y el bar Casa del Pozo.

De lunes a lunes, Wilson sale de su casa a las 07:00. Vive en el sur de Quito. Abre el local a las 08:30 y cierra a las 22:30. “Me gusta complicarme la vida y hacer cosas que le gusta a la gente. Vivo bien. Quiero vivir así”.

* Tallerista del curso de redacción de Signis Ecuador

Comentario de la tallerista
¿Qué aprendí en el taller?
El taller de redacción de SIGNIS fortaleció mis conocimientos en redacción.
Cada técnica y herramienta me enseñaron que al realizar una nota se debe tomar en cuenta cada detalle y que cada información es importante.
Fue un curso dinámico y personalizado, lo cual juega un papel importante para el aprendizaje.

 

 

 

 

 

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